domingo, 28 de mayo de 2017

El simbolismo de la rueda solar.. Símbolo nuestro desde tiempos muy remotos

La rueda solar es una evolución mayor del símbolo solar primitivo que es el circulo. Los dos ejes orientados hacia los cuatro puntos cardinales forman así la base de todos los signos de orientación. Es el mismo que forma una brújula marcando el Norte en su parte superior. Pero bien antes de la invención de la brújula, este símbolo solar estaba presente en todas las culturas europeas sobre todo desde la edad de bronce.
Esta lejana época nos a legado entre otras cosas las numerosas rocas gravadas en Escandinavia recubiertas de estas ruedas solares. Encontramos también gran numero de ellas en la tradición Celta aunque otras culturas paganas alrededor del mundo han hecho uso de este símbolo. Pero antes de adentrarnos en los misterios de la rueda solar, veamos antes algunos aspectos ligados a la noción misma de la orientación. La orientación implica tres elementos de base : la ubicación del sujeto está marcada por el punto central, la orientación en el espacio marcada según los puntos cardinales terrestres Este y Oeste que designan el amanecer y el ocaso del sol, la orientación marcada según los puntos cardinales del eje Norte y Sur. La rueda solar vehicula una verdadera síntesis de la orientación en todos los sentidos.
No solo nos orienta en el espacio, pero también en el tiempo del transcurso del año solar ya que esta rueda sagrada es un símbolo del movimiento vital. Sin movimiento no hay vida, es el movimiento cíclico que marca nuestras festividades paganas más importantes como los solsticios de invierno y de verano, los equinoccios de otoño y primavera. Estas fiestas no fueron meramente agrícolas, tuvieron un carácter altamente religioso para nuestros ancestros politeístas.
El solsticio de invierno deformado por el cristianismo, se transformó en la fiesta de Navidad, esta fecha marca el momento del año en el cual la Naturaleza recupera su aliento abriendo así las puertas del nuevo año tras un periodo de 12 noches sagradas. Los días se hacen más largos, permitiendo así la llegada de días mejores y el retorno del sol. Los Romanos celebraban el culto al Dios solar Mitra entre otros, este renacía cada año el 25 de diciembre como hijo del sol, se designó esta fecha como la de Sol Invictus, o sol invicto. Poco antes los romanos habían celebrado las Saturnales, momento cuando era costumbre de hacerse regalos. Este periodo se acababa con la fiesta y el culto al Dios Janus el Dios bicéfalo que lleva una llave en las manos. Este Dios dio su nombre al mes de Enero (de Ianuarius a Janeiro y Janero derivando a Enero) siendo este el que abre y cierra las puertas del nuevo año solar. Esta época del año estaba tan arraigada en todas las culturas paganas de Europa que el cristianismo solo pudo acabar con ella integrándola en su calendario a finales del siglo IV, colocando en la misma fecha el nacimiento del cristo para sustituir y borrar el recuerdo del Sol Invictus.
El equinoccio de primavera, marca el retorno de los días hermosos y cálidos, es el periodo del año dedicado a la fertilidad y el amor. La vegetación vuelve a crecer de nuevo y los demonios del invierno son expulsados, la promesa de campos fértiles llena de esperanza los corazones de las personas, las flores inundan con miles de colores los prados, las parejas se forman y se unen gracias al encanto mágico de la primavera. Todo crece. Es la celebración del renacer de la vida tras la pausa invernal. Los Germanos rendían culto a Ostara también llamada Eostre, Diosa que dio su nombre a la fiesta de Pascua (Ēostre, quien se halla detrás del nombre de la pascua en inglés: Easter). En aquel periodo en el cual los días y las noches son de misma duración, era evidentemente la ocasión de celebrar la unión del Padre-Cielo y de la Madre-Tierra, unión que, nueve meses más tarde, durante el solsticio de invierno, dará a luz al Sol Invictus, el hijo del sol.
El solsticio de verano es el momento en el cual el sol se encuentra en su apogeo, marcando para nuestros ancestros un instante mágico durante el cual las fuerzas solares están al máximo de sus capacidades. La naturaleza resplandece con fuerza y con inigualable claridad. El verano trae consigo, calor, alegría y abundancia, elementos que aun hoy hechizan a los veraneantes en busca de felicidad estival. Pero el solsticio es un momento paradójico del año, ya que en el mismo instante en el que el sol se encuentra en su punto culminante, momento de la victoria de las fuerzas solares sobre las del oscuro invierno, el sol anuncia ya el destino inevitable de su carrera cíclica y del declive que le espera. Los días, poco a poco empezaran a ser más cortos, la luz diurna tomara el camino del Crepúsculo de los Dioses. Para los Germanos era costumbre incendiar grandes ruedas solares y de lanzarlas por pendientes, lo que simbolizaba el aspecto fecundante del sol y su declive anunciado. Muchos ritos han representado y siguen representando el solsticio de verano. En los países bálticos donde el paganismo aun sigue vivo, el solsticio de verano es una autentica fiesta nacional, las personas llevan coronas hechas con hojas de roble que simbolizan el sol sacro, bailan y cantan alrededor de las hogueras. Estos fuegos se encuentran por toda Europa donde los pueblos celebran la alegría del día más largo del año. Los bailes en círculo al igual que los fuegos son himnos simbólicos al sol. El cristianismo intentó también desviar y hacerse con el sentido de estas fiestas, haciendo de ella la fiesta de San Juan. Estas fiestas de San Juan tienen, desde algunas décadas, tendencia a volver a sus raíces verdaderas: paganas. Estas fiestas estan ligadas no a santos cristianos, sino al Dios solar de todas la tradiciones paganas de Europa : Apolo para los Griego, Belenos/Lugh para los Celtas, Balder en la tradición Germano-Nordica, Abelio para los Celtiberos, Dazbog para los Eslavos. Aunque hay que precisar que para los Celtas, las 4 fiestas mayores no coinciden con las fechas de los demás pueblos europeos, lo que a veces genera confusión.
La cuarta fiesta es la del equinoccio de otoño, la cual es también algo paradójica. Marca por un lado la abundancia ya que es el momento de agradecer a los Dioses por las buenas cosechas, pero por otro lado esta fiesta marca el declive del sol en su carrera cíclica. La abundancia en esta fiesta se encuentra en la Erntedankfest alemana donde se agradece a los Dioses por las buenas cosechas. En este caso el velo cristiano es muy fino y es necesario de poco para encontrar el origen real de la celebración. Cuando el sol mengua, solo es necesario observar a la Naturaleza para darnos cuenta de que los días se hacen más cortos, que las hojas caen de los arboles, que el frió se hace sentir y que muchas plantas mueren. La muerte está a la vuelta de la esquina, es la época en la que las puertas del más allá se abren y se teme a los espectros. En el mito europeo de la Cacería Salvaje, el Dios Wotan cabalga Sleipnir surcando el cielo otoñal acompañado de todos los guerreros muertos en combate. Pero la muerte no es definitiva, ya que un viejo dicho pagano dice que es necesario morir para renacer, como un árbol que muere solo en apariencia para renacer en la siguiente primavera.
A este nivel de nuestro estudio hemos acabado una vuelta completa de nuestra rueda solar.
Esta rueda solar esconde otro principio fundamentas que fue estudiado por el gran filosofo Heidegger. Es el principio del Ser y del Tiempo (en el sentido del tiempo que pasa). El eje horizontal del símbolo representa el Tiempo, es decir, todo lo que cambia sometido a los caprichos del destino. El aspecto material está incluido en este eje. Una expresión del Tiempo es por ejemplo el cuerpo físico que nace, crece y finalmente desaparece, mientras que el eje vertical representa el Ser, el aspecto eterno e inmutable, la fuerza espiritual que emana de toda vida. Pero al contrario de los monoteísmos que separan las nociones de cuerpo y espíritu, la sabiduría pagana se refleja en el simbolismo de la Rueda Solar demostrando que el Tiempo y el Ser son dos conceptos inseparables.
Según las explicaciones admitidas, el eje horizontal sería de naturaleza femenina, cuando el eje vertical sería de naturaleza masculina. La imagen de ese simbolismo es de carácter bastante sexual y concuerda con otros símbolos relacionados a los ejes de la rueda solar que hemos visto aquí arriba. Las cuatro extremidades de la Rueda Solar nos conectan con el simbolismo de la cifra 4 íntimamente ligado a la tierra. El círculo representa el sol y el 4 la tierra. Estamos con este código numérico una vez más en presencia de la unión del sol con la tierra.
Precisemos de paso que este símbolo es a menudo llamado « cruz céltica », palabra que debería ser empleada con prudencia por varias razones :
-Este símbolo no es únicamente celta, y como hemos precisado, se encuentra en todas las culturas paganas de Europa y en algunas fuera de ella.
-La cruz celta es una evolución cristiana de la Rueda Solar en la que los ejes sobresalen del circulo para acabar asemejándose al crucifijo cristiano, en este caso la simbología pagana y cristiana se han mezclado.
Para concluir podemos decir que este símbolo milenario engloba todos los aspectos ligados a los ciclos solares, al eterno retorno, al ritmo natural de los elementos celestes en equilibrio con los elementos terrestres y la harmonia perfecta entre todas las fuerzas garantes del orden cósmico. Es un himno a la gloria del sol.

Hathuwolf Harson
Traducción: Daniel Gonnard
Fuente: “Dictionnaire des symboles”, Jean Chevalier et Alain Gheerbrant


Ejemplo de ruedas solares de origen pagano en el techo de la iglesia románica de Castrecías, Rebolledo de la Torre (Burgos) , Las Loras.

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