lunes, 23 de julio de 2012

Rodrigo Díaz, el Cid campeador. Parte III

Sagrajas también supuso un giro en la trayectoria del Cid, quien volvió junto a sus hermanos de sangre, siendo acogido por el rey Alfonso, que le entregó las fortalezas de Dueñas, Ordejón, Campos, Iguña, Briviesca y Langa. Sabemos pues, que en el año 1087, Rodrigo Díaz, renovó con el tradicional besamanos en Toledo, el vínculo de vasallaje con el rey Alfonso, y que éste le entregó dichas tenencias incluyéndole entre los principales magnates de Castilla. Dispuso el rey ese mismo año un privilegio para Rodrigo, según el cual todas las tierras que fuera de los límites de los reinos cristianos conquistara, quedarían bajo la soberanía de Castilla, pero se reconocería el derecho de señorío para el Cid.
En este año de1087, el reino moro de Valencia estaba gobernado por al-Qadir, reyezuelo impuesto por el castellano Alvar Fañez durante su estancia en la ciudad, pero que tras la retirada de este debido a Sagrajas, había quedado en desventaja en su propio reino. Amenazado además por el rey de Lleida  al-Hayib, y escaso de fuerzas militares, pidió ayuda a l rey de Zaragoza al-Mustain, pero también al monarca leonés Alfonso VI. Esta, siguiendo la obra del moro valenciano Ibn-Alqama La elocuencia evidenciadora sobre la gran calamidad,  parece ser  junto con el privilegio que daba carta blanca a Rodrigo, la causa del desplazamiento del Cid con sus mesnadas hacia las tierras de Valencia. Durante el año 1088, el Cid salió desde Zaragoza acompañado por el rey al-Mustain que albergaba la posibilidad de quedarse el reino de Valencia, y al que una falta de acuerdo con los castellanos hizo que se retirara al poco tiempo, quedando las tropas del Cid razziando en la zona de Jérica, para impedir la llegada de suministros y comercio en la que era una de las principales vías comerciales del reino de Valencia. Partió meses después hacia Castilla para convencer a Alfonso de la conveniencia política y militar de un ensanchamiento castellano hacia el este, sin provocar un gran entusiasmo en el mismo, que por aquellas fechas  ponía todas sus energías en la reconquista por el sur. Si esto no hubiera sido así, probablemente la Valencia catalano-aragonesa de hoy podría haber sido castellana. Por ello, mientras Alfonso trataba de conquistar Ubeda y Baeza, y el Cid reclutaba nuevas tropas en Castilla con el objeto de conquistar Valencia, el conde catalán Berenguer Ramón que también buscaba  la expansión de sus tierras hacia el sur puso cerco a la ciudad de Valencia, fortificando dos bastidas, una en Líria, y la otra en Yubaila, actual Puig de Santa María, lugar, por cierto, donde ciento cincuenta años más tarde, acamparía Jaime de Aragón, descendiente de Berenguer Ramón y de Alfonso VI, consumará la última conquista de la ciudad de Valencia. Sin embargo, la llegada del Cid a tierras valencianas, hizo que los catalanes se retiraran en espera de tiempos mejores. Mientras, desde su campamento en Torres-Torres, Rodrigo Díaz saqueó y razzió durante unos meses la taifa vecina de Alpuente, y cobró tributos del rey de Valencia, del que obtuvo además derecho a morar en la ciudad, y derecho de mercadería en el interior de la misma. De Torres-Torres pasó a Requena, donde se estableció también durante una larga temporada.
La llegada de nuevo de los almorávides de Yusuf ibn-Tuxufin en 1088, y el asedio por parte de un gran ejército musulmán de la fortaleza castellana de Aledo, hizo que las tropas de Alfonso VI se trasladaran a dicha zona, pactando un encuentro con las del Cid a las que convocó en Villena. El Cid por su parte partió de Requena, trasladándose a Játiva y posteriormente a Onteniente. Por razones que desconocemos, en lugar de ir a Villena, pasó de Onteniente a Hellín, mientras el rey pasaba por Villena, por lo que éstos no se llegaron a encontrar. Estos movimientos de tropas provocaron una retirada de Yusuf, pero el rey no pudo perdonar el desplante del Cid y lo condenó de nuevo a destierro a pesar de los juramentos  de éste proclamando su inocencia. Durante este segundo destierro, el Cid atacó Denia y Palop, llegando a  acuerdos de vasallaje con sus dirigentes y pasando a instalarse en la zona montañosa de Morella, lugar donde se enfrentó a las tropas del conde catalán Berenguer Ramón que de nuevo intentaba un peligroso acercamiento hacia Valencia. El resultado fue la derrota de los catalanes, y el apresamiento de su propio conde, al que se dio libertad junto con sus hombres con el compromiso de pago de rescate. Parece ser, que debido a la generosidad del Cid para con los prisioneros catalanes, gestos habituales para con los contendientes de su propia raza, se forjó una amistad y alianza entre el conde catalán y el infanzón castellano, cediendo el primero los tributos sobre su protectorado de Tortosa-Lérida-Denia. Mientras, el Cid se instala en Burriana, a la espera de poder conquistar totalmente la ciudad y reino de Valencia.
En el año 1090 vuelve a la península Yusuf con su ejército almorávide, y de nuevo se producen desavenencias entre el Cid y Alfonso VI. Tras una corta campaña, los almorávides deponen a los reyes de taifas y vuelven a unificar el territorio musulmán, a excepción del reino de Zaragoza. Tras la toma de Aledo, únicamente quedó en dicho territorio, un núcleo en manos europeas. Se trataba de la fortaleza y territorio reconstruido por el Cid en Peña Cadiella, en las faldas del monte valenciano de Benicadell, en el actual término municipal de Beniatjar, desde donde forjó una alianza con el rey de Zaragoza, y donde limó sus últimas asperezas con Alfonso VI que intentó atacarle en dichas fechas, y que tras su fracaso se reconciliaría definitivamente con el infanzón de Vivar.
El año 1092 señala la entrada de los almorávides en Valencia, y la muerte del rey al-Qadir, quedando esta ciudad bajo el gobierno del cadí  Yafar-ibn-Yahhaf, de una importante familia de etnia yemení que inició una época de terror en dicho reino que motivó una huída general de los partidarios del al-Qadir que pudieron ponerse a salvo de la represión del yemení, y que marcharon a encontrase con el Cid, que con sus mesnadas y los partidarios del rey depuesto, se asentaron en Yubaila (el Puig) desde donde se creó u a red de impuestos cobrados a los cadís y reyezuelos musulmanes de los alrededores, con el fín de crear un ejército lo suficientemente poderosos para conquistar Valencia. Desde Yubaila, el Cid pudo adquirir merced a un trato con Ibn-razin Murviedro, y finalmente en el mes de julio de 1093 ocupa los arrabales de Mestalla, frente a las murallas de Valencia, desde inició un asedio en el que destruyó todas las edificaciones que rodeaban la ciudad. Un primer intento de pacto de los musulmanes valencianos con los atacantes castellanos fue abortado por Yusuf que amenazó con enviar sus tropas contra Valencia, y meses después tuvo el Cid que enfrentarse con su antaño aliado ibn-Razin, rey de Albarracín, enfrentamiento del que salió herido. Vuelto a su lugar departida, el Cid inicia su segundo asedio a valencia en diciembre de 1093 mientras persistía el ritmo de la llegada de tropas de refuerzo almorávides que llegarían en enero del año 1094, pero que se retiraron sin cumplir su objetivo.
Tras diversas algaradas, disputas en el interior de Valencia, hambrunas e intentos de pactos, finalmente se firma un acuerdo entre el Cid y los sitiadores el 2 de junio de 1094 entrando el Cid al frente de sus tropas el 16 de junio. En un primer momento, Rodrigo Diaz decretó que los musulmanes valencianos continuaran con su trabajo, posesiones, usos y costumbres, y se estableció una época de convivencia entre los nuevos conquistadores y los habitantes de la ciudad. Convivencia rota por las reiteradas peticiones de ayuda que estos últimos hacían a Yusuf, quien tres meses después de la conquista llegó a  Valencia con sus tropas almorávides enfrentándose contra los castellanos en la batalla de Quarte, enfrentamiento que se saldó con una rotunda victoria del Cid, que así se constituía en el indiscutido señor de Valencia. En estos tiempos, conquistó Olocau y Serra, y celebró una alianza militar en Burriana con el nuevo rey aragonés Pedro I, hijo del difunto Sancho Ramírez. Esta alianza motivó la creación de un gran ejército formado por castellanos del Cid, aragoneses y navarros a las órdenes de este mismo y teniendo como lugarteniente al príncipe aragonés Alfonso el Batallador, que se enfrentó en la batalla de Bairén con las tropas almorávides al mando de Mohammed ibn-Texufin en enero del año 1097, y que supuso una gran derrota para los almorávides, penúltimo intento por parte de éstos de seguir sus conquistas hacia el norte con objeto de recuperar la península ibérica para el Islam. Aún volverían las tropas almorávides a iniciar nuevas campañas en la primavera del año 1097, encaminándose a la conquista de Toledo. Un ejército al frente de Alfonso VI trató de frenar estas pretensiones. En las filas del mismo se encontraba el joven caballero Diego Ruiz, único hijo varón del Cid, al que éste envió con un contingente de sus tropas, y que perecería durante la derrota castellana de Consuegra en agosto de 1097, hecho que supuso un nuevo repliegue de las tropas castellanas ante él, de nuevo, peligro de la marea negra almorávide. Por dos veces más las hordas africanas vencían a las castellanas, en Cuenca y en Alcira, durante el año 1098, derrotas a las que el Cid se dispuso a dar respuesta, primero tras el asedio por sorpresa y conquista de la ciudad de Murviedro (Sagunto) en junio y con la de Almenara después. Estas derrotas motivaron un repliegue de los almorávides hacia el sur, y el regreso del Campeador a su ciudad de Valencia, libre momentáneamente del peligro moro.
En Valencia, gobernó según sus biógrafos con sabiduría y generosidad, y supo mantener a sus tropas alerta ante el peligro musulmán que llegaba del sur. Manteniendo estrechas alianzas con el rey de Aragón y Navarra, el conde de Barcelona, y el rey de Zaragoza, Rodrigo Díaz de Vivar, señor de Valencia, se mantuvo como un fiel vasallo del rey Alfonso VI de León y Castilla, y mantuvo la paz en Valencia durante el final de 1098 y el año 1099, en cuyo mes de julio, probablemente el día 10, murió de enfermedad, mientras al otro lado del Mediterráneo, guerreros de su misma sangre europea comenzaban el asedio a la ciudad de Jerusalén, en la primera Cruzada.
En el año 1102, los almorávides vuelven a desembarcar en la península, y a atacar Valencia, que esta vez, y sin la dirección del Cid, tuvo que ser evacuada. Su familia y sus mesnadas abandonaron en esas fechas la ciudad en dirección a Toledo con los restos del Cid, que fueron enterrados en el monasterio de San Pedro de Cardeña.
Su hija Cristina Rodríguez contraería matrimonio con el infante Ramiro Sánchez de Navarra, del cual tuvo un hijo llamado García, que fue rey de Navarra, y cuya hija Blanca casó con Sancho III de Castilla, hijo de Alfonso VII de León. De esta manera la sangre del Cid pasó a las dinastías de León-Castilla y de Navarra.
Así pasó la sangre del héroe castellano a algunas de las principales casas reales de Europa, mientras su ejemplo, historia y leyenda le convirtieron en un mito, el del guerrero bravo, leal y generoso, respetado y temido. Un caballero castellano que supo servir con lealtad a su rey, y que fue temido y respetado por sus enemigos.
Al parecer, fue el rey Alfonso X, el que hizo labrar en el sepulcro del Cid el siguiente epitafio:

    BELLIGER INVICTVS, FAMOSUS MARTE TRIUMPHIS

E. Monsonís


1 comentario:

  1. Soy un ex-camionero rumano. Llevo 15 años en España. He aprendido hablar español en tres meses leyendo Don Quijote y revistas españoles, sin conocer una sola palabra. Uno de los primeros libros que he leído también, usando un diccionario ingles-español, fue El Cantar de Mio Cid. Luego poco a poco, a traves de internet he conocido la historia real de España y también del Campeador. Conocía gran parte de los relatos aquí expuestos. Los 15 años en España los he vivido rodeado de gente común, no doctos, ni eruditos, sino personas "normales y corrientes". Dado mi afición a la información en general y a la historia en particular, siempre llegaba en mis conversaciones al tema, "Cid Campeador". Me dolía el corazón cada vez que veía que nadie conoce al héroe más destacado de este país (según mi opinión), y cuando el mejor atributo para el extraordinario caballero era, "mercenario". La mayoría, sin embargo lo llamaban "traidor". Esta es la primera vez que encuentro un español que sabe de lo que habla y además se toma la apreciable molestia de informar a los demás. Gracias. La memoria del gran luchador lo merece, y su carácter y valentía cubren de vergüenza a los que hoy disfrutan ignorantes e indiferentes, de las tierras por él conquistadas.

    ResponderEliminar