lunes, 23 de julio de 2012

Rodrigo Díaz, el Cid campeador. (Parte I)

La diferencia entre la biografía de una persona común y anónima y la de un héroe o personalidad pública y excepcional, suele ser, el paralelismo que puede forjarse entre los hechos personales y los hechos históricos que puedan afectar a la comunidad nacional de la persona en cuestión. Su participación en hechos importantes de la misma, e incluso su influencia en el devenir histórico de alguna entidad que le supere. Rodrigo Díaz de Vivar, llamado  el Campeador y Mio Cid, es uno de estos personajes, su vida corre paralela al devenir histórico de los reinos de León y Castilla, e incluso de sus vecinos peninsulares Aragón y Navarra, incluyendo los diversos reinos moros de taifas, en el siglo XI. Su obra, salvo ciertos paréntesis de su vida, terminó ligada al destino de sus hermanos de raza que en aquella época recuperaban para Europa el suelo peninsular en una ardua y gloriosa empresa que se ha dado en llamar Reconquista. Es por ello el propósito de este trabajo, apoyándonos en estudios serios e importantes basados a su vez en fuentes de la época que nos ocupa,  intentar recorrer los aspectos más importantes de la vida de este héroe castellano a través de la historia de Castilla, intentando desligarnos de los no por ello menos importantes aspectos míticos.  Se trata pues de intentar presentar un aproximación bibliográfica, desnuda de bellas invenciones e interpretaciones que llenaron la leyenda que le envolvió, sobre el héroe castellano por excelencia, quien mereciera alabanzas de muchos eruditos de su época tanto en el campo europeo como en el islámico, el Campi Doctus,  o distinguido en la pelea, de los europeos,  el Mio Sidi, o Señor de los musulmanes. El Cid Campeador de las fábulas y de la realidad histórica: Rodrigo Díaz, infanzón, guerrero y héroe castellano.
Terminando la primera mitad del siglo XI, reinaba en Castilla Fernando I, monarca que reunía en sus venas la sangre de los linajes real de Navarra y condal de Aragón, y que descendía por parte de madre de Fernan González, primer conde independiente de Castilla. Asimismo, era por su matrimonio con Sancha, descendiente directa de los reyes de León, depositario de esa antiquísima casa real, por entonces la principal de la península. Por aquellas fechas, el reino de León se había afianzado como una entidad poderosa entre los diversos reinos, eurocristianos y musulmanes, que existían en la península ibérica. Tras la muerte del caudillo musulmán Almanzor y la fitna del año 1009, el otrora poderoso califato de Córdoba se había fragmentado en pequeños y débiles reinos conocidos como taifas , siendo consecuencia de este debilitamiento la recuperación de diversos territorios perdidos durante las campañas de Almanzor, y el establecimiento de una frontera segura en la ribera del Duero. Paralelamente Fernando I impulsó la imposición de parias, o tributo anual a los reinos de taifas, favoreciendo con esta situación, el fortalecimiento económico y militar del reino leonés, y como consecuencia el empobrecimiento y debilitamiento de los reinos musulmanes a éste subordinados.
Por otra parte, se produjo por estas fechas una situación singular, ya que el último descendiente de los condes de Castilla, se alejaba por primera vez de sus territorios, que al convertirse en rey de León, y quedar también bajo su cetro los reinos de Asturias y Portugal hubo de trasladarse a León, favoreciendo esta situación, que el gobierno directo de Castilla quedara en manos de los infanzones de confianza del rey, quienes a través de su alfoces y posesiones actuaron como verdaderos delegados de Fernando I.
Uno de estos infanzones fue Diego Laínez, que aunque no pertenecía a la primera nobleza castellana, era miembro de una familia de cierta importancia en aquella época, descendiente de Laín Calvo, y nieto de Rodrigo Alvarez —de quien tomo el nombre para su hijo—, quien ejerciera el gobierno sobre las tenencias de Luna, Torremormojón, Moradillo, Cellorigo y Curiel. Era pues Diego Laínez en la década de los cuarenta del siglo XI, uno de los capitanes de frontera del condado de Castilla, siendo responsable desde su casa solar en Vivar, de la línea fronteriza que unía Castilla con el reino de Navarra en el sector norte de Burgos. Y es en Vivar, como casa de este linaje, donde transcurrirá la infancia del futuro héroe castellano Rodrigo Díaz, hijo, como indica su patronímico, de Diego, que a su vez lo era de Laín Rodríguez.
Independientemente del lugar geográfico  exacto del nacimiento de Rodrigo, que no conocemos, lo importante es que su lugar de origen, al que estaba vinculado fue sin duda Vivar, casa fuerte de la familia que le vio nacer. En cuanto a la fecha de nacimiento, el historiador Malo de Molina, señala el decenio comprendido entre 1040 y 1050, siendo corroborada esta datación por otros autores como Ubieto, Menéndez Pidal o el catedrático Gonzalo Martínez Díez, con pequeñas diferencias. Durante su infancia en Vivar, su padre recuperó durante la batalla de Atapuerca, en destacada acción militar, las fortalezas de Ubierna, Urbel y La Piedra, actuación que el rey Fernando supo recompensar incluyéndolo entre los infanzones de su confianza, y por ello, pasaría años más tarde su joven hijo Rodrigo, a incorporarse al entorno del infante Sancho, hijo primogénito del rey, cuya corte por aquellos días se hallaba en Burgos. El infante, quien ya se decantaba claramente por Castilla, acogió al joven Rodrigo, a quien según la Historia Roderici, “alimentó diligentemente y le ciñó con el cíngulo de la milicia”, por lo que entendemos que debió ejercer funciones de doncel o paje del príncipe heredero, de quien aprendió el oficio militar de la caballería, acompañándole en sus expediciones triunfantes por Zaragoza y Graus, y al que desde esas fechas quedó especialmente vinculado.
E. Monsonís

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