jueves, 31 de mayo de 2012

Castilla Medieval - Portillo 2012

Batalla de Atapuerca. Castilla contra Navarra

A la muerte de Sancho III el Mayor de Navarra, ocurrida en 1035, sus hijos heredaron sus estados: al primogénito le correspondió el reino de Navarra, donde reinó como García Sánchez III; al segundogénito, Fernando, le correspondió el condado de Castilla, mientras que Aragón pasó a Ramiro I y los condados de Sobrarbe y Ribagorza pasaron a Gonzalo.
En 1037 Bermudo III emprende una guerra contra su cuñado Fernando (casado éste en 1032 con Sancha, hermana de aquél) resultando derrotado y muerto en un enfrentamiento que pasó a la historia como la batalla de Tamara o Tamarón. La muerte del leones sin descendencia, convierte por matrimonio a Fernando I en rey de León, aunque no entró en en aquella ciudad hasta el mes de junio del año 1038. En la batalla de Tamara Fernando contó con la ayuda de su hermano García III de Navarra bajo la promesa de entregarlos territorios castellanos comprendidos entre Oca y Burgos; desde Briviesca hasta el valle de Urbel; desde Castrobarto hasta Bricia, al sur de Reinosa, y desde el Nervión hasta Santander integrando al viejo reino astur en el reino navarro.

Primera versión


Según el Monje de Silos escribió sobre la vida de Alfonso IV, hijo de Fernando I, más de medio siglo después de que se desarrollaran los hechos. Su versión es que la envidia devoraba el corazón de García, y movido por ella no dudó en atentar contra la vida de su hermano Fernando aprovechando una visita que hiciera éste a Nájera con motivo de una enfermedad de García que le tuvo cerca de la muerte. Poco después, para hacerse olvidar su atentado o para sincerarse de él, García fue a visitar a Fernando en su corte, "más para disimular su frustrado crimen, que para consolar a su hermano". Lleno de ira al verle, Fernando hizo que le cargasen de cadenas y mandó que le encerrasen en una torre de Cea. El navarro logró escaparse y deseando vengar la injuria, declaró la guerra a su hermano.
La historia nos presenta la personalidad del monarca navarro como visceral y poco reflexiva, y plantea la disputa de la causa mediante una guerra. Fernando I de Castilla, al parecer más sensato, intentó varias veces solucionar el problema mandando embajadores y procurando acuerdos, todo para evitar el litigio. Pero el navarro los rechazó a todos y la guerra no se pudo evitar.
El 1 de septiembre del año 1054 las huestes castellanas y leonesas se encontraban en Atapuerca, a tres leguas al oeste de Burgos. Fernando atravesó, aunque poco, los límites de su reino para salir al encuentro de su hermano. Según el Silense, García tenía en su ejército fuerzas auxiliares moras, y tal vez le ayudara su hermano Ramiro I de Aragón. En los Anales Compostelanos podemos leer: "En la era hispana de MLXXXXII (que, sin que nadie explique porqué, cuenta con 38 años más que la era cristiana), el primer día de septiembre fue matado el rey García, luchando con su hermano el rey Fernando en Atapuerca, por un caballero suyo, llamado Sancho Fortún, a quien había injuriado con su mujer". Desde entonces, el lugar del campo de batalla fué conocido como "el campo de la Matanza".
El "amo" del rey, Fortún Sánchez, no quiso sobrevivir a aquella desgracia, y buscó la muerte arrojándose entre las mesnadas enemigas. También debió terminar allí la vida del viejo servidor del rey, Sancho Fortún Ochóiz, señor de Cantabria. El mismo asesino, que se puede identificar con Sancho Fortún señor de Funes hasta poco tiempo antes, debió perder la vida tras su asesinato.
La Crónica Najerense, sin embargo, nos habla de unos parientes fideles del rey difunto Bermudo que, empujados por su hermana la reina Sancha, se lanzaron furiosamente hacia el rey García, acción contraria a la intención manifestada por Fernando de capturar vivo a su hermano.
Tal vez el rey castellano quedó aterrado por el inesperado desenlace de la batalla y renunció a perseguir a los navarros. Tal vez éstos, lejos de perder la serenidad, supieron defenderse hasta que el comienzo de la noche separó a los combatientes. El hecho es que los navarros tuvieron ánimo, no sólo para recoger el cadáver de rey y llevarle a enterrar en Nájera, sino también para aclamar en el mismo campo de batalla a su hijo y sucesor Sancho Garcés IV, que llevaría en la Historia el nombre triste de Sancho de Peñalén y que entonces debía de ser un adolescente de unos 15 años.

Segunda versión

Fernando I pretendía las comarcas de las Asturias de Santander, Castilla la vieja, Briviesca (Bureba) y parte de la Rioja, cosa que el de Nájera no estaba dispuesto a ceder. Enfermo García fue visitado por su hermano, quien sospechando que aquel le quería prender, se puso a salvo rápidamente. García, al parecer inocente de esas acusaciones, y para demostrar su buena disposición, sabiendo más tarde que Fernando estaba enfermo en Burgos fue a verlo. El castellano le apreso en el castillo de Cea, sin embargo el navarro logro huir. Resuelto a vengar la injuria, García llamó en su ayuda a algunos moros y con ellos y su gente entró en Castilla armado contra su hermano. Aunque en Atapuerca trataron de ajustarse a razones, se llegó por fin a las armas. Dos soldados de García traidores a su rey (uno de ellos llamado Sancho Fortun), llegaron hasta él hiriéndole mortalmente. Al poco tiempo murió y todos los suyos huyeron.
Su hermano Fernando I concedió que enterrasen el cuerpo en la iglesia de Santa María de Nájera, construida años antes por orden del muerto. Tras la batalla se apoderó de los teritorios que pretendía: Briviesca, Montes de Oca y parte de la Rioja. Fernando I llegó hasta Nájera y se apoderó de todas las tierras y poblaciones de la derecha del Ebro. Desde entonces la Bureba y la Rioja se incorporaron definitivamente al reino de Castilla, cuya frontera oriental alcanzó el rio Ebro. Además de las pérdidas territoriales, la derrota supuso para Navarra el reconocimiento de vasallaje del nuevo monarca navarro Sancho Garcés IV, el de Peñalén, ante el rey castellano.

Noticia sobre El Cid

En algunas fuentes se habla de la presencia del Cid Campeador en la batalla. Este dato no se sostiene puesto que éste al parecer, nació en el año 1048 (aunque otros sugieren el año 1043), y no parece lógico que una criatura, que, como mucho tuviera 11 años de edad, y siendo como era de buena familia, fuese reclutado para la lucha. Sin embargo, podemos asegurar que el padre del Cid, Diego Laínez, fuera un general que con sus huestes formara parte del ejército de Fernando I. Está documentado que Diego Laínez consolidó la recuperación de la Bureba para Castilla en los meses siguientes a la batalla de Atapuerca.
Academia de Infantería. Historia Militar. Segundo curso. Guadalajara, 1945. Página 100.
Diccionario Enciclopédico Espasa. Editorial Espasa-Calpe. Madrid.
escena de la recreacion de la batalla de Atapuerca 2011 (Burgos)

Batalla de Atapuerca 2011

martes, 29 de mayo de 2012

Hijuela historica

Vestido el caballero. El público se fotografió con él antes de que partiera hacia el campo de batalla.
Hijuela 2012

Celtas en Castilla. Vardulos

Los várdulos eran una tribu prerromana, establecida en el norte de la península Ibérica en la actual España, en la parte oriental de la Comunidad Autónoma Vasca.
Mencionados por Estrabón, que los llama Bardyétai y los sitúa en la costa, entre cántabros y vascones, por Pomponio Mela y Plinio que también los sitúan en la costa entre cántabros y vascones, diciendo Plinio que Amanum Portus (la romana Flaviobriga, la actual Castro Urdiales, de donde le vendría el nombre actual, derivado de Castrum Vardulies) era una de sus ciudades, y por Ptolomeo que los sitúa en la actual Guipúzcoa. Esta discrepancia puede deberse a diferentes causas, como pueden ser movimientos migratorios forzados por las guerras cántabras, o, simplemente, porque los diferentes autores romanos entendían realidades distintas en los documentos administrativos que consultaban. También se trata de zonas de transición entre territorios que sufrieron diversas modificaciones por falta de estabilidad de la población.
Otras consideraciones las realizó Julio Caro Baroja indicando que la denominación várdulo no tiene origen vasco.
En 114 a. C. Cayo Mario (156 a. C.-86 a. C.) tuvo una guardia personal de várdulos con los que fue a Roma, y les llamaban esclavos Barduaioí. Pomponio Mela, hacia el año 44 dice que habitaban en los Pirineos y especifica claramente que los várdulos formaban una sola nación, es decir, que no se dividían en tribus.
La derrota de los cántabros ante Augusto no tuvo ningún efecto para los vàrdulos, que no se aliaron con los cántabros contra Roma.
Una unidad de Várdulos, la Cohors I Fida Vardulorum Miliaria Equitata Civium Romanorum, estuvo muchos años de guarnición en el Muro de Adriano al norte de Gran Bretaña, y en algún momento se ganaron el título de fida (fieles) por algún servicio al Emperador olvidado hoy en día.
Se discute si estaban emparentados a cántabros, celtas, celtíberos o vascones, aunque lo cierto es que los nombres de sus ciudades son claramente indoeuropeos, cuando no típicamente célticos, como ocurre con Uxama (desde ups-ama "la más alta"), Deobriga (desde deiuo-briga "colina divina"), Tulloniom (desde Tulno o Tullo "valle"), Suessatiom (desde Su-sta-tiom, literalmente "buen asentamiento" y relacionado con los galos Suessones) o los eventuales Brigantiom reflejados por los actuales Bergüenda y Berganzo (Álava). Por otro lado, no se constata ningún topónimo vinculable al eusko-aquitano con formas Iltur-, -berri, -egi/-eki, tan habituales en el Pirineo navarro.
La última referencia a los várdulos es en la crónica de Hidacio, cuando narra que sufrió las devastaciones de los hérulos al atacar en el 400 en siete naves la costa cántabra y de Vardulia en el año 456.

Ad sedes propias redeuntes, Cantabriarum et Vardaliarum loca maritima crudelissime deproedatio sunt

Se ha especulado que una posible expansión vascona (vasconización tardía), ocupando el actual País Vasco, entre los siglos VI-VIII d. C. ocasionara migraciones de este pueblo hacia lo que en documentos de la Alta Edad Media se llamará Bardulia (identificada por algunos, con la "Castilla nuclear") como en la Crónica de Alfonso III, donde, relatando las conquistas de Alfonso I, textualmente dice

Eo tempore populantur Primorias, Lebana, Transmera, Supporta, Carranza, Bardulia quae nunc appellatur Castella4
 (en castellano moderno, "...Bardulia, que ahora es llamada Castilla").

Crónica de Alfonso III

En la Alta Edad Media ya no aparecen; en su lugar se encuentran los núcleos que formarán parte de Guipúzcoa. Algunos autores5 deducen a partir de ciertos datos de los textos clásicos, que había una afinidad o solidaridad, acaso un nexo político, entre Caristios, Autrigones y Várdulos propiamente dichos, que recibirían un nombre común, el de Várdulos, que explica muchos hechos históricos posteriores de esta región. Como por ejemplo el porqué al ser absorbidos o desplazados Caristios y Várdulos, por los Vascones en la Alta Edad Media al territorio autrigón, Caristios y Autrigones perdiesen su nombre y quedasen con el nombre común de Várdulos y los que quedasen en sus territorios lo perdiesen al ser eliminados o absorbidos por los Vascones.

En 1948, Ramos Loscertales dice que "jamás Castilla se llamó Bardulies" y que nos encontramos simplemente ante "un desafortunado rasgo de erudición del autor de la Crónica, del mismo calibre que otro usado por él en pocas líneas más arriba y que le sirve para identificar a Zamora con Numancia" olvidando que, hasta el descubrimiento de las ruinas de Numancia por Eduardo Saavedra y Moragas a finales del siglo XIX, algunos historiadores consideraban que Numancia se asentaba en las proximidades de Zamora. Cesáreo Fernández Duro, en su Historia de la ciudad de Zamora, presenta una lista de 27 escritores que defienden esta teoría (entre los que se encuentra Alfonso X el Sabio) y de 58 que están en contra.

El escudo de la provincia de Guipúzcoa reza "FIDELISSIMA BARDULIA, NUNQUAM SUPERATA".


II Jornadas de Recreación Histórica. Siglo XV

Más de 85 recrecionistas - han confirmado su asistencia. Se montará un campamento de asedio entre el Castillo y el Pueblo de Belmonte. A su vez, se montará un mercado medieval, con venta al público y talleres de oficios (herreros, tejedoras, alfareros, etc..) en los terrenos frente de la puerta de acceso al Castillo. Para la coordinación y dirección del evento, el Castillo de Belmonte cuenta con el inestimable colaboración de la prestigiosa asociación de recreacionistas Battle Honours

SABADO 16 - Por la mañana habrá un intento de asalto al Castillo entre las tropas del Castillo, defensoras de la causa de Juana “La Beltraneja” y las hostiles, defensoras de Isabel “La Católica”. Está batalla tendrá lugar el sábado a las 11h30 de la mañana. La batalla contará con fuego de artillería, arqueros y gran ruido de acero chocando. El sábado por la tarde, puesto que el Castillo nunca fue tomado, los dos bandos deciden firmar la paz. Este acto tendrá lugar en el patio del Castillo a las 16h30. Los dos capitanes, seguido por sus sequitos se subirán a un estrado donde trás una larga negociación sobre los territorios a ceder por parte del Marquesado de Villena, firmarán el fin de la contienda.

DOMINGO 17 - un grupo de insurrectos, no conformes con el armisticio, deciden por su cuenta hacer una incursión no autorizada al Castillo. Esa misma mañana, trás sofocar la revuelta, se organizarán juegos y torneos de caballeros para celebear la llegada de la Paz a Belmonte.


Caballero Castellano del siglo XI - Basado en el cofre del rey Sancho

Los caballeros villanos en Castilla medieval (S - XI)

Uno de los personajes más característicos de la reconquista en Hispania, sobre todo en los reinos de Castilla y de León, desde siglo X al XII, fue el caballero villano.
Fruto de la necesidad de los reyes por repoblar la nueva tierra fronteriza arrebatada con la espada y la sangre a los musulmanes, nacieron milicias de concejo de campesinos guerreros. Quienes defendían la tierra conquistada a cambio de una serie de privilegios legales ante el rey y los nobles. De entre esos campesinos, aquellos que por destreza militar, habían conseguido armas y una montura (caballo). Podían igualarse en titulo con la baja nobleza, siendo nombrados por los alcaides (señores de fortalezas), caballeros villanos. Esto era, caballeros por meritos de guerra, no por sangre noble.
Ser caballero villano otorgaba un privilegio de cara a las leyes, siendo el propio titulo hereditario.
A lo largo del siglo XI, los caballeros villanos de las zonas fronterizas, se encargaron de organizar a las milicias de concejo cuando era menester hacerlo. O ejercieron de terratenientes bajo las ordenes de señores, condes o abades. Controlando o ejerciendo de puentes entre los campesinos humildes de las milicias y la nobleza directa o el clero. Reclutando llegado el caso, villanos para la fonsada o para el arcato. A finales del siglo XI y principios del siglo XII, muchos de ellos ejercían ya como auténticos señores feudales terratenientes en las zonas de villa y tierra de la Castilla segoviana, al servicio de entidades superiores.
El único requisito, y esto es importante aclararlo, para ser nombrado caballero villano por un alcaide. Era haber demostrado valía en la guerra, y tener caballo y armas. Teniendo la obligación de mantenerlas siempre listas para la guerra. En caso de que el caballero villano perdiera su caballo o sus armas, disponía legalmente de un tiempo para recuperarlas. Si pasado el tiempo no regresaban a su dueño, los alcaides podían retirarle su condición.
Dicho lo cual, un caballero villano, no tenía por que tener riquezas, ni ser adinerado, ni tener ropas lujosas o posesiones en ganado y tierras. Simplemente tenían la obligación de tener caballo y armas para conservar su estatus. El cual les igualaba en derechos con los infanzones de la baja nobleza.
Es presumible que las armas y armaduras de un caballero villano, si bien no fueran de la mejor calidad, si las tendría en buen estado. Pues lo había jurado ante el alcaide que le nombró como una de sus obligaciones.
Cota de malla, yelmo con protección nasal o capacete, lanza para el combate a caballo, y espada para el cuerpo a cuerpo. Escudo redondo para el siglo XI y de cometa para el XII. A lo que habría que sumar una cofia de malla para la cabeza, con boquera o de cara abierta. Este podría ser grosso modo una equipación estándar de un caballero villano para la guerra.
Sus ropas de civil, no variarían mucho de las de un infanzón o hijodalgo de baja alcurnia. Repetimos, que no eran nobles de sangre, no tenían dinero, ni tenían grandes familias adineradas tras de ellos. Al ser titulo hereditario desde el siglo X, es presumible que muchos de ellos, dispusieran de pequeñas “fortunas” tipo, ganado. Y evidentemente las armas heredadas de sus padres, pero poco mas. Por ejemplo, apuntaría a deducir, que las calzas utilizadas como pantalones por la nobleza durante el siglo XI, no eran utilizadas por los caballeros villanos. Especialmente en las tierras fronterizas de Segovia, donde muchos de ellos estaban lejos de los nobles, dedicándose a la defensa de sus propios intereses por medio de los concejos.

Castilla. Fueros de Covarrubias

1385, batalla de Aljubarrota

jueves, 24 de mayo de 2012

Toma de Toledo por Alfonso VI

Los ejercitos de infanteria en la Castilla de siglo XI

Los soldados de infantería, comenzaron a tomar una vital importancia en las batallas, desde finales del siglo XI. Anteriormente, en una época oscura desde la caída del reino visigodo, y los principios del siglo XII. Los conflictos armados, eran cosa de nobles, y las gentes bajo su control que pudieran reunir. Evidentemente estas gentes no estaban ni preparadas ni bien armadas. Esto no significa que no existieran soldados de mesnadas profesionales vinculados a los nobles. Pero ellos al mismo tiempo, eran una minoría con respecto a los grandes ejércitos.
En la primera mitad del siglo XI, hay un documento que nos habla de un enfrentamiento entre dos nobles magnates, y uno de ellos Oduario Arias, convoca a su gente de armas (soldados mercenarios) y el fonsado. Lo que debe entenderse como que reunió una hueste para enfrentarse al poderoso Menendo Gonzalez.
El hijo de Oduario, llamado Arias, había empezado agrupando una partida con la que saqueó las tierras del enemigo.
Al ser finalmente capturado, el padre de Arias congregó esa tropa de cierta envergadura intensificando el conflicto.
El documento del conflicto gallego del 1044, distingue entre “su gente de armas” – Lo que parece ser un grupo de armas equipado y preparado para el combate – De lo que propiamente fue la tropa reclutada bajo la obligación del fonsado.
Igualmente de este conflicto, que no es el único semejante a lo largo del siglo XI. Extraemos la posible utilización del fonsado como uso personal de los intereses de la nobleza local. Diferenciando claramente lo que eran tropas de infantería profesional vinculadas por pago a los señores y sus caballeros, de lo que eran tropas obligadas por la tradición del fonsado. Seguramente mas numerosas, pero igualmente menos preparados para el combate, mal armados, mal preparados, y mal equipados.
Son por tanto, los soldados de infantería profesionales a lo largo del siglo XI, una parte importante de los ejércitos privados de la nobleza señorial. Basándonos, en que no eran la mayoría de los hombres de las huestes. Las cuales estarían formadas principalmente por campesinos reclutados a la fuerza fruto del fonsado.
El soldado de infantería, se diferencia del caballero, en el uso del caballo, no combaten a caballo. No es un soldado adinerado, y el equipo del que dispone, le ha llegado vía herencia familiar, o vía razzia. Según lo experimentado que sea, así variará su equipo, el cual presumiblemente no es tan lujoso (moderno) como el de los caballeros de sangre o los nobles terratenientes.
Dado que la espada era un elemento de lujo, y que realmente no existió un mercado de fabricación a gran escala de este arma durante el siglo XI, sino bajo encargo. Seguramente la mayoría de soldados de infantería a principios del siglo, mediados, y puede que a finales, utilizaran lanzas y hachas. Si bien puede que algunos de ellos, como ya hemos dicho los mas experimentados, hubieran conseguido espadas fruto de las razzias contra otros nobles o ejércitos.
También se sabe, que nobles adinerados armaban a sus soldados profesionales, con armas que obtenían por cambio, bien fuese por cambio como pago de tierras, como pago de compensación, como pago de deudas etc. Esas armas de dudosa procedencia, eran entregadas a los soldados de pago para que llegado el momento, defendieran a su señor y sus intereses.
La infantería profesional, suponía junto a la caballería, normalmente relacionada con la nobleza en el siglo XI. La parte de “elite” de los ejércitos. Pero no era la mas numerosa. Como ya hemos dicho, la mayoría de los ejércitos salían fruto del fonsado, que obligaba a los campesinos en edad de armas, a defender las causas de sus señores bajo la ley del arcato.

Leonor Plantagenet de Castilla

Leonor Plantagenet o Leonor de Inglaterra (Castillo de Domfront (Normandía), 11601 - Monasterio de las Huelgas de Burgos, 31 de octubre de 1214). Princesa de Inglaterra y reina consorte de Castilla entre los años 1170 y 1214, por su matrimonio con el rey Alfonso VIII de Castilla. Fue hija del rey Enrique II de Inglaterra y de su esposa, la reina Leonor de Aquitania.
Fue madre, entre otros, de los reyes Enrique I de Castilla y Berenguela I de Castilla.
Fue hija del rey Enrique II de Inglaterra y de su esposa, la reina Leonor de Aquitania. Por parte paterna fueron sus abuelos Godofredo V de Anjou y su esposa Matilde de Inglaterra, hija del rey Enrique I de Inglaterra. Por parte materna fueron sus abuelos Guillermo X de Poitiers, conde de Poitiers, y su esposa Leonor de Châtellerault, duquesa de Aquitania.
Fueron sus hermanos, entre otros, los reyes Ricardo Corazón de León y Juan sin Tierra, monarcas de Inglaterra.
Nació en 1160 y en septiembre de 1170 se desposó en la ciudad de Tarazona con Alfonso VIII de Castilla, quien había sido coronado en la ciudad de Burgos un año antes, y antes del matrimonio, sus padres, los reyes de Inglaterra, concedieron como dote a su hija el ducado de Aquitania, que pertenecía a su madre, la reina Leonor de Aquitania. Alfonso VIII de Castilla concedió como dote a su esposa los castillos de Burgos y Castrojeriz, Amaya, Avia, Saldaña, Monzón de Campos, Carrión de los Condes, Dueñas, Tariego de Cerrato, Cabezón, Medina del Campo, Astudillo, Aguilar y Villaescusa, y las rentas del puerto de Santander, Cabedo, Besgo de Santillana, Tudela, Calahorra, Arnedo, Vigera, Metria, las del castillo y ciudad de Nájera, Logroño, Grañón, Belorado, Pancorbo, Piedralada, Poza de la Sal, monasterio de Rodilla, Atienza, Ciudad de Osma, Peñafiel, Curiel de Duero, Hita, Zurita y Peñanegra, y para su cámara la ciudad de Burgos y la villa de Castrojeriz, con todos sus derechos y rentas, y le donaría además la mitad de los territorios que conquistase a los musulmanes desde que su matrimonio fuera celebrado.
El matrimonio sirvió para reforzar la frontera pirenaica, y Leonor Plantagenet aportó además como dote de boda el condado de Gascuña que Alfonso VIII nunca pudo anexionar a la corona de Castilla. Sin embargo, numerosos caballeros gascones vinieron a la península para ayudar a su señor en la lucha contra los almohades. Hacia 1180 el monarca castellano y su esposa decidieron fundar un monasterio de monjas cistercienses, el monasterio de las Huelgas de Burgos. Aquella fundación, dependiente en principio del Monasterio de Santa María de la Caridad de Tulebras, en (Navarra), se convirtió desde 1187, por deseo de los reyes, en casa madre de todas las abadías femeninas cistercienses en territorio de Castilla y fue elegido por Alfonso VIII y su esposa como panteón real para ellos y sus descendientes.
La reina ordenó edificar en la catedral de Toledo una capilla dedicada a Santo Tomás Becket o Tomás Canturiense (de Canterbury), como era conocido entonces, que fue la primera dedicada al santo británico fuera de las Islas Británicas. La capilla no se conserva en la actualidad porque fue destruida y su espacio pasó a formar parte de la capilla de Santiago de la Catedral de Toledo, que fue edificada por el condestable Álvaro de Luna para construir su propia capilla funeraria. Asimismo en 1183, sobre el solar de la mezquita de Cuenca ordenó que se comenzase a construir una catedral para la ciudad castellana, que había sido reconquistada recientemente.
La reina Leonor Plantagenet falleció el día 31 de octubre de 1214, varias semanas después de que falleciera su esposo, el rey Alfonso VIII de Castilla, quien falleció el día 6 de octubre de 1214.



Recreación de la bienvenida a la corte de la Reina de Castilla Leonor en Portillo.

IV subida de los pendones al castillo