sábado, 26 de noviembre de 2011

La espada de Fruela Pérez. Duque de Cantabria, y conde de Bardulia

Alfonso I el católico llega al trono y amplía el reino. Cabalga hacia el sur y gana nuevos territorios y nuevos pobladores. Asturias está en guerra. Y las crónicas nos dicen que, junto al rey cabalga un guerrero: su hermano Fruela.
Debieron ser tiempos muy duros. Ya hemos contado aquí cómo se las gastaban los moros: en el sur de Francia no dejaban cristiano vivo. Los sarracenos, allá donde llegan, incendian, matan, saquean, y a los que capturan vivos los venden como esclavos. Después se marchan dejando la desolación a sus espaldas. O la sumisión, o la muerte (y a veces, muerte después de sumisión). En el espacio del que aquí nos estamos ocupando, que es el viejo reino de Asturias y sus aledaños, ducados y condados. La estrategia musulmana no será distinta. Aunque los moros no han ocupado territorios, no por ello han dejado de prodigar sus incursiones de rapiña. Sabemos que habrá expediciones moras en tierras gallegas, y que su objetivo será únicamente el saqueo y la captura de esclavos, es decir, la obtención de botín.
Frente a eso, los cristianos organizan la respuesta. Consta que a mediados del siglo VIII se reconstruyeron las viejas defensas creadas un siglo antes; desde allí los asturianos detendrán las campañas de saqueo de los musulmanes. Y no sólo las detendrán, sino que responderán con expediciones equivalentes. A eso se refieren las crónicas cuando aquí y allá, de forma fragmentaria y sin mayores detalles, hablan de “batallas”. Las campañas de Alfonso I en tierras del Duero sin implacables; llega a una población, mata a todos los moros que encuentra y se lleva a los lugareños (cristianos). No se los lleva como esclavos, evidentemente son de su misma fe, sino que los traslada al norte: Asturias, Cantabria, Galicia, Bardulia, donde nacen numerosas aldeas constituidas con aquella gente evacuada de sus pueblos. Así se va configurando en el norte un reino con abundante población, y al sur, en el valle del Duero, un autentico desierto.
¿En que medida era aquello un autentico desierto?. Luego nos ocuparemos de esto, “el desierto del Duero”, que es uno de los grandes debates historiograficos sobre la reconquista. Ahora quedémonos con al estampa de las huestes de Alfonso I, literalmente volcadas sobre esas tierras llanas. Y a la cabeza de esas huestes figura invariablemente nuestro caballero, Fruela, el hermano del rey; llamado Fruela Pérez, por que era hijo del duque Pedro de Cantabria y duque de Bardulia (Castilla).
La espada de Fruela Perez es la primera de un guerrero que inscribe su filo en la historia de la reconquista. Hasta ahora hemos hablado de caudillos a guisa de rey, como Pelayo, o de flamantes reyes como Alfonso, o de grandes aristócratas, como el duque Pedro de Cantabria. Fruela es otra cosa: segundón de familia noble, no le falta fortuna ni linaje, pero su oficio va a ser exclusivamente la guerra. Las crónicas no nos hablan de él directamente, como protagonista, sino sólo en tanto que compañero de armas de su hermano. Pero como el rey no estaría todo el tiempo en el campo de batalla, el peso de las operaciones le correspondía a Fruela Perez.
Fue por tanto Fruela un capitán de los ejércitos de su hermano Alfonso I, quien se encargo no solo de conquistar determinadas ciudades bajo poder musulmán, sino de repoblar con gentes liberadas de la zona del Duero, las tierras del norte, principalmente la Galicia liberada por cantabros y astures unos años atrás.
Se dio en entonces una paradoja en toda la zona al norte del río Duero... tierras y ciudades liberadas del yugo musulmán, y cuyos habitantes habían sido conducidos hacia el norte. Quedándose ciudades enteras despobladas. Ni musulmanes ni cristianos tenían logística suficiente para poder re ocupar toda esa zona. Las fortificaciones de denfensa, simples empalizadas con algún muro de piedra, muy lejos aun de ser semejantes a castillos. Son situadas al norte, cerca de las fronteras del reino natural de Asturias y Cantabria, extendiéndose hasta la Bureba de Burgos y la Rioja, peo siempre en el limite del propio terreno, nunca mas allá.
Fruela era el hermano menor de Alfonso I de Cantabria, rey de Asturias y señor de la Gallaecia cristiana. Por tanto podemos suponer que alrededor del 740 cuando comienzan las campañas, Fruela es ya un guerrero cuarentón, o cercano a la cuarentena de edad. Un hombre de confianza no solo por el parentesco, sino por su enérgica contundencia al mando de los guerreros y sus éxitos militares.
Gracias a las exitosas campañas de saqueo de las tierras fronterizas en los campos goticos y sur de Bardulia, Fruela hizo dinero y riquezas, el y sus allegados, quienes luego serian guerreros de confianza y vasallos.
Fruela tuvo una hija, Numabela, que se casó con el duque Lopu II de Gascuña. Y dos de sus hijos llegarían al trono de Asturias, Aurelio y Bermudo I. Incluso el rey Ramiro I fue nieto de Fruela Pérez, conde por herencia de Cantabria y duque de Bardulia.
Fruela era de ascendencia visigoda, como su hermano Alfonso I, de quien se decía era descendiente de Recaredo el Godo. Siendo por lógica Fruela descendiente a su vez del rey godo Recaredo.
Poco mas se sabe de este noble guerrero, mano derecha de Alfonso I de Asturias. Espada de la reconquista y repoblador de Galicia. Se supone, aun cuando puede que sea parte de la leyenda, que uno de los míticos condes de Castilla Rodrigo Frolaz, era hijo de Fruela. Pero quizás esto sea parte mas de la leyenda que de la realidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario