lunes, 24 de octubre de 2011

Caballo Losino, el caballo nativo de Castilla del Norte

El caballo losino, también conocido como jaca burgalesa o poni losino, es la única raza equina autóctona castellana. Esta raza es oriunda del Valle de Losa, que le da nombre, y se encuentran ejemplares de esta raza en las provincias castellanas de Palencia y Burgos, en la meseta norte de la península Ibérica.
El caballo losino es la única raza autóctona de Castilla y León, recibe su denominación del área original de cría, el Valle de Losa, en el norte de la provincia de Burgos. El número de ejemplares de raza losina se mantuvo hasta la década de 1950 pero posteriormente, debido a la mecanización del campo, su población descendió hasta llegar en 1986 a su mínimo histórico. Ese año, se inició el proyecto de recuperación de la raza, creándose posteriormente por iniciativa de D. Ricardo de Juana el primer Centro de cría en pureza y selección del caballo losino en Pancorbo (Burgos).
Los caballos de esta raza son utilizados para la equitación infantil-juvenil, en enganches y para realizar las rutas ecuestres por zonas rurales y de montaña. El caballo losino es uno de los tres tipos equinos autóctonos de la Península Ibérica, siendo el de mayor pureza de todas las razas de caballo de la Península. Jugó un papel importante en la época de la Reconquista de España y posteriormente en la Conquista de América. Hoy en día se encuentra en peligro de extinción, solo quedan 300 ejemplares puros.
Según los estudios realizados por el doctor Martinez-Saiz en la década de los noventa, con una base de 150 ejemplares, se trata de un caballo de pequeño tamaño, con dimensiones algo superios a un poni. Su alzada a la cruz es de unos 135cm en las yeguas y 140cm en los machos, aunque el patrón que establece el Libro Genealógico de la raza es de 120cm mínimo, 147cm máximo. Su peso se encuentra en el rango 330-350 kg.
Es un caballo de orejas pequeñas y curvadas (como los auténticos caballos, no los ponis), frente plana y ojos vivos bien situados; en cambio sus belfos pueden resultar algo gruesos. Al igual que otras razas ibéricas, el cuello es ancho en su base y su talle, pero algo fino en la inserción con la cabeza; igualmente, la cruz es destacable y sus formas generales son bastante redondeadas. La cola es de inserción alta y está cubierta de abundantes crines, al igual que el cuello, pero carece de cernejas en las patas.
La raza es de color negro, del tono llamado morcillo (ligeramente rojizo). Ese color se hace más evidente durante los meses invernales en los adultos; mientras que en los potros de hasta dos años de edad, su pelaje es de color rojizo y largo, lo que lo asemeja a algunas razas también autóctonas de asnos. Las únicas manchas que puede presentar son pequeños luceros en la frente.
Es un caballo de aspecto algo rústico, pero igualmente elegante y refinado. Muy resistente, noble y tranquilo una vez que se le ha entrenado.

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