jueves, 23 de junio de 2011

Importancia de la poesía heroica castellana en la literatura española.

La edad media ha cesado definitivamente de ser considerada como una época bárbara, como una solución de continuidad abierta en la historia de la cultura entre la antigüedad clásica y el renacimiento.
Hace más de un siglo que la ciencia introdujo en su recinto a la literatura medieval; ha publicado cuidadosamente los textos de ésta, ha creado una filología especial a ellos consagrada, mostrándolos dignos de la atención y de los esfuerzos de la crítica, antes reservados exclusivamente a los monumentos de las épocas clásicas. La espontaneidad profunda de la literatura medieval, la originalidad con que expresa el carácter de una sociedad en formación, le dan el valor de un precioso documento artístico y cultural, que debe ser interrogado atentamente.
Entre las ramas de esa vieja poesía en España, hay una dotada de atractivo particular, porque no sólo ha sabido como las otras, aunque la última de todas, conquistar un puesto en el panteón literario, sino que el espíritu que la animaba desde su primera encarnación poética, no ha dejado de transmigrar de generación en generación, adoptando necesarias metamorfosis que no le impidieron conservar siempre el claro recuerdo de sus existencias anteriores. Tal es la epopeya. Si la seguimos en sus maravillosas emigraciones, la veremos animar todos los géneros literarios: los poemas, los romances, el teatro, la novela, la lírica.
Es una materia poética creada por indoctos genios allá en los tiempos más remotos del arte moderno, a veces en una edad prehistórica del mismo. Pero sus poetas supieron comunicarle algún destello del alma nacional, de modo que el pueblo la recibió y la conservó siempre como suya. Después, los más grandes poetas de la edad áurea de la literatura española cubrieron con espléndidas vestiduras esa vieja poesía y la levantaron, como sobre grandioso pedestal, mediante el prestigio de una lengua cuyo imperio se dilataba prodigiosamente sobre el globo.
Más tarde, los poetas románticos infundieron nueva vida a esa misma materia épica, tomando jirones de ella como bandera revolucionaria. Por último, en nuestros días, los modernos artistas descubren también en esos viejos temas nuevos rumbos y nuevas formas de ideal.
Por eso la historia de la materia épica castellana nos permite considerar la historia entera de la literatura española, uno de cuyos caracteres distintivos es precisamente esta armoniosa unidad de inspiración. Pío Rajna tenía razón cuando observaba que en ningún otro país, fuera de España, podía hallarse la materia para un libro como La gesta del Cid, de Antonio Restori, que, ciñéndose a una sola tradición poética, reúne obras que pertenecen a todos los siglos y a la mayor parte de los géneros literarios; y Heinrich Morf hace una observación semejante de la Leyenda de los Infantes de Lara.
Intentaré aquí trazar sumariamente un cuadro del desarrollo de este arte nacional español que pueda interesar a un público extranjero. Difícil es despertar la emoción artística de un pasado muy lejano, aun en el alma de aquellos que se sienten ligados a él por comunidad de raza o de tradición; la dificultad aumenta cuando tal comunidad falta. Que la curiosidad de mis lectores, abierta a todas las impresiones y ávida de las que le son más extrañas, logre adivinar, en lo que yo deje entrever, aquello que no acertaré a decir.
Ramón Menéndez Pidal

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