sábado, 18 de junio de 2011

Entrevista del conde Fernan Gonzalez con el rey Sancho de León

El leonés quiso acallar la reclamación del conde con un ejército; y ya ambos iban a pelear, cuando el abad de Sahagún y otros prelados que allí había, impidieron la batalla y concertaron una entrevista en un vado del río Carrión, límite entre el reino y el condado. Esta entrevista formaba una de las escenas más animadas del poema perdido, llena de brío y brusquedad. Según la prosificación que seguimos, el conde, al llegar al rey, le va a besar la mano, pero el rey se la niega.

“Conde –le dice- no os doy mi mano a besar, pues os rebelasteis con Castilla; y si no fuese por el abad y los prelados, os cogería por la garganta y os echaría en las torres de León, donde os guardarían mejor que la otra vez”.
“Callad, Rey, que mal cumpliríais vuestras amenazas. Si no fuese por las treguas de los prelados, yo sí que os quitaría la cabeza de los hombros y teñiría el agua de este río con vuestra sangre; vos venís en gruesa mula y yo en ligero caballo; vos traéis sayo de seda, yo traigo un arnés trenzado; vos con guantes olorosos, yo con los de acero claro; vos con la gorra de fiesta, yo con un casco afinado; yo tengo esta espada en cinta, vos traéis ese azor en la mano.”
Y diciendo esto, hincó espuelas a su caballo, y de la arrancada que el bruto dio en el río, salpicó al rey con el agua y la arena.
Esta escena final es un cuadro de época muy exacto. Entrevistas borrascosas como la del vado del río Carrión eran frecuentes; en una semejante, a orillas del Pisuerga, Alfonso VII, oyendo del conde Rodrigo González palabras descomedidas, le echó las manos al cuello, y ambos cayeron de sus caballos a tierra; por eso, para evitar una parecida ocasión, el cauto D. Juan Manuel no se quiso avistar con Alfonso XI ni aun teniendo ambos un río por medio.
La insolencia del conde Fernán González está pues, perfectamente dentro de la época, y solo a un piadoso biógrafo eclesiástico se le pudo ocurrir explicar aquel brusco separarse el conde del rey en el vado del río, diciendo que, como el conde sintiese que su ira se iba encendiendo, por no pecar contra Dios, volvió la rienda al caballo, y éste “levantó muchas aguas por encima del rey”.
En este texto del poema de Fernán González de Menéndez Pidal. Vemos una vez mas, como la espada del reino de Leon, era la naciente Castilla. El propio conde Fernán González, recalca con arrogancia al rey de Leon, que mientras el viste ropas de seda, y disfruta de una placida vida en las tierras remotas leonesas. El y sus soldados, visten cofia de mallas, lorica de anillas, y espada en sus monturas. Ellos, los castellanos del siglo IX al XI, fueron los que salvaron y pararon la invasión árabe hacia el reino de Leon.

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